martes 2 de junio de 2009

Canción de los amantes


Me regordeaba del control, presumía, lucía orgullosa el no ceder ante las caricias del lujurioso tentador, mordía mis labios reprimiendo las reacciones de la piel ante su aliento, fingía inocencia, fingía indiferencia, disfrazaba el temblor de las piernas, mentía sobre la humedad en mi sexo.
Él se abrió paso, buscó formas, como un depredador acechando a su presa, ideó estrategias, inteligente, audaz, atractivo y desafiante, doblegó mis fuerzas y acostumbró mi cuerpo a su escutrinio para que sólo lo necesitara a él.
Su presencia actúa como dulce imán al placer, invitándome a sus brazos como el hipnotizante canto de las sirenas, caeré de nuevo, lo sé desde el momento en que lo descubro mirándome de esa forma, ojos que tratan ver a través de mis ropas, labios que forman una mueca de arrogancia dejando al viento una nueva declaración de guerra, "serás mía" susurra a mi oído.
Preparo mi actuación, indiferencia, control, ambos se desvanecen mientras me tambaleo hacia la pared, besos ardientes me dejan los labios dolorosos, caricias dejan torturadores hormigueos, se torna la mente en blanco, el enemigo ha ganado terreno, se ha despojado de las prendas que le estorban, lo veo, admiro la belleza del cuerpo masculino, entonces él se regordea, presume y vuelve atacar, lo sabe, tiene el triunfo asegurado, juguetea con mi cuerpo, ya no hay protestas, ya no hay máscaras que cubran los deseos carnales, me pierdo, me entrego y entonces nuestros jadeos se entonan y cantan una canción que sólo los amantes pueden entender.

Maya.

 
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